Este domingo apareció en La Nación Domingo un reportaje de Fernando Cea sobre algunas editoriales “independientes”, o microeditoriales, entre las cuales aparece mencionada Das Kapital y citado nuestro director, herr Brodsky. Como aparece más bien tangencialmente el asunto de nuestra posición como editorial frente a distintos temas en el artículo en cuestión, y como una forma de aprovechar el envión para compartir algunas de nuestras ideas sobre la labor editorial, les dejamos acá el cuestionario in extenso que respondió Brodsky para la realización del reportaje, y que por razones obvias de economía mediática se redujo a un par de líneas. El reportaje publicado por LND lo pueden leer siguiendo este link.
Ojalá y les aproveche.
Cuestionario enviado por Fernando Cea a DK y respondido por Camilo Brodsky, director de la editorial.
¿Cómo nace Das Kapital ediciones y a qué problemas se enfrentó en un comienzo?
Varios de nosotros veníamos hace rato trabajando en el tema editorial, por distintos lados. Tania Encina y yo estuvimos vinculados durante años a Cuarto Propio, Galo Ghigliotto venía de Mantra, y Varinia Brodsky trabajó el tema producción editorial en el MAC. Además, al menos tres de los socios llevábamos un tiempo metidos en la cosa literaria (Guillermo Valenzuela, Galo y yo), por lo que había también una red de contactos que nos parecía podía ser, como ha sido, nuestro principal capital a la hora de pararnos con un proyecto editorial que tenía como uno de sus ejes el desarrollar una relación estrecha con sus autores, en términos de edición, seguimiento, difusión, etc. Respecto de las dificultades, yo creo que lo central es la precariedad con que se empieza en esta pega, y que tiene que ver con la ausencia casi absoluta de una legislación y de herramientas estructurales (legales, tributarias) que sirvan de apoyo para la indsutria editorial nacional. Y aquí no me refiero sólo a las editoras chicas como la nuestra, sino a todas las que deben vivir la indolencia e incluso la prepotencia de las trasnacionales agrupadas en la Cámara Chilena. Ahora, este tema tiene que ver también con que desde el Ejecutivo no existe una política cultural, no ha existido la voluntad de proyectar una política cultural, sino que más bien se traspola la lógica licitadora del laguismo y se entrega a privados, fondos concursables mediante, la ejecución del proyecto cultural. Eso es no hacerse cargo de los requerimientos de una política cultural. No se puede pretender que los centros culturales, las bibliotecas comunitarias y otras iniciativas de las cuales el Estado debiera hacerse cargo de manera más directa, deban competir por recursos con los autores, las editoriales o las universidades; no es coherente que la mayoría de las editoriales nacionales, acorraladas por las transnacionales y el IVA, tengan que depender de las licitaciones del Mineduc y otros fondos para financiar sus líneas de edición poco rentables, como la poesía y el ensayo, principalmente de autores nacionales. Acá lo que corre es la ley del mercado pura y dura, sin muchos matices, y eso en ninguna parte puede ser considerado una política pública, menos aún en el ámbito cultural.
¿Cuáles son las colecciones de su catálogo, dónde está puesto el énfasis?
No es nuestra intención restrinjirnos en este tema. Si bien lo más probable es que en un principio el énfasis lo pongamos en obras de autores nacionales, principalmente narrativa y poesía, no desechamos para nada el abrirnos a otras áreas, como lo demuestra nuestra voluntad, al menos, de levantar una colección infantil y juvenil, así como una línea de cómic y pronto, ojalá, una de pensamiento social, por ejemplo. Otro tema que nos llama fuertemente la atención es multiplicar las traducciones propias, tanto de clásicos como de autores contemporáneos, pues nos parece central “abrir cancha” en ese sentido, permitiendo de paso que los propios autores nacionales tengan un mayor acceso a obras escasas en el mercado chileno, o directamente prohibitivas por sus precios, fijados desde las trasnacionales y castigados por el IVA y los impuestos de internación.
¿Cuál sería la identidad (o los puntos fuertes) de Das Kapital como editorial independiente, y en el fondo qué es ser independiente en Chile a tu juicio?
A mi eso de ser o no independientes me parece más un eufemismo que otra cosa. O sea, ¿independiente de qué? Se quiera o no, para sostener un esfuerzo editorial no subsidiado, es necesario operar con criterios comerciales, al menos en parte. El que diga otra cosa, se está engrupiendo solo. Y el problema de eso es que, al trabajar la mayoría de las microeditoriales con autores nacionales y en líneas de bajo impacto comercial, como la poesía, los costos muchas veces se traspasan a los autores, que terminan pagando por sus libros. Esto, lamentablemente, es muy difícil de revertir en el cuadro actual. Sin embargo, hay que buscar los mecanismos para lograr la única independencia real que se puede alcanzar en el rubro, que es la económica. Otra cosa es que la mayoría de nosotros tendemos a identificarnos con un concepto más bien vinculado a la autogestión y la independencia política e ideológica respecto del monopolio neoliberal que tiende a regir la cultura y el país, por ejemplo a nivel de medios, y en ese punto hay distintas apuestas. Para nosotros, en ese plano, aparte de ser central el trabajo con los autores, es imprescindible tratar de posicionar una práctica editorial y cultural liberadora, democratizadora, y ahí no hablamos solo de los títulos a publicar, sino de iniciativas concretas. En nuestro caso, por ejemplo, y siempre que haya acuerdo con el autor al respecto, impulsamos el uso del copyleft, por sobre el copyright, lo que implica que la mayoría de nuestros libros incluyen una nota en que se explicita que su reproducción y difusión, citando la fuente, el autor y la editorial, es de libre uso, siempre que no sea para usos comerciales. Y también buscaremos los mecanismos que nos permitan, a través de nuestras colecciones o de parte de ellas, que nuestras publicaciones puedan ser adquiridas a precios menos prohibitivos que los que el mercado te impone para la mayoría de los títulos, cosa que también hace la mayoría de las editoriales con las que tenemos relaciones de amistad, como Ripio Editores, Editorial Fuga, La Calabaza del Diablo, etc.
¿Son las editoriales independientes un gremio cohesionado, hay espacio para ellas (me refiero a público)?
No sé si aún dé para hablar de “gremio”. Una cosa son los colegas de Editores de Chile, que están en un plano digamos “superior”, principalmente en términos de instalación, distribución, y que por lo mismo han construido una relación con la institucionalidad por decir lo menos ambigüa, principalmente porque algunas de esas editoriales dependen de los recursos del Estado para mantenerse a flote. Por otra parte, y respecto del tema del público de nuestras editoriales, lamentablemente la ausencia de políticas efectivas de fomento de la lectura hacen que, generalmente, estemos relegados a compartir un micromercado, constituido principalmente por la gente vinculada al tema literario de manera directa, como autores, críticos, académicos, etc., lo que obviamente restringe el impacto cuantitativo de nuestro trabajo, pese a que, desde el punto de vista cualitativo, es desde las editoras nacionales que han venido surgiendo los autores y las obras que hoy constituyen la parte más importante y relevante del mapa literario.
¿Cómo proyectan el trabajo a corto y largo plazo, qué falta consolidar?
El tema de las proyecciones, en buena medida, está muy tensionado por la precariedad económica, que es el primer escollo que encuentras. Por esto, acá más que de proyecciones, en tanto planes de trabajo a firme, lo que está puesto en juego es la voluntad de mantener una producción editorial lo más constante posible y con estándarse de calidad, en contenido y forma, lo más profesionales que sea posible, que es nuestro principal objetivo en términos concretos hoy.
Publicaciones que realizarán de aquí a fin de año.
Son varios los proyectos que tenemos en carpeta, y en distintas áreas. De momento, el énfasis de aquí a fin de año va a estar fundamentalmente en poesía, donde vienen al menos tres libros, entre ellos uno de Tomás Harris y la reedición de Idioma del Mundo, de Pablo de Rokha, proyecto con el que Galo ganó un fondo concursable del Consejo del Libro. Esperamos además poder reeditar este año La estrella negra, de Gonzalo Muñoz, un libro que nos parece clave en la poesía de los años ’80 y que ya tenemos conversado con Gonzalo, y comenzar con nuestra colección infantil, en la que está trabajando Tania. También vamos a comenzar una serie de plaquettes, por llamarlas de algún modo, que nos debieran permitir generar ediciones de bajo costo, con títulos de calidad y a un precio lo más asequible posible, de manera de asegurar uno de los puntos centrales de nuestra concepción de la labor editorial, que es aportar a la democratización de la cultura a pesar de las trabas presupuestarias, políticas y burocráticas que encuentra este tema.
Y ya para 2010, estaríamos publicando, para empezar, la segunda novela de Guillermo Valenzuela y un libro de cómic, de Claudio Álvarez .
Sobre el conflicto entre la Cámara y los editores independientes con respecto a la próxima Feria del Libro, ¿qué postura tienen?
Como te decía antes, el conflicto terminó teniendo una salida precisamente por el expediente de que la mayoría de las editoriales en conflicto terminaron “agachando el moño” a pedido del Gobierno, que a través de la ministra Urrutia presionó para no “aguar” la Feria, para evitar el riesgo de terminar con un conflicto en Cultura a un mes de las elecciones. En ese sentido, no me toca a mí tomar partido, menos aún cuando los propios involucrados bajaron sus banderas. Ahora, en términos más generales, me parece lamentable que desde el estado se financie en buena medida una iniciativa que, en defintiva, es un negocio de privados, en este caso de los asociados a la Cámara Chilena, que disfraza bajo rótulo de “fiesta de la lectura” un lucrativo monito económico, donde se cobra entrada, se venden auspicios y se pone en funcionamiento toda una máquina de hacer plata que finalmente no ofrece mayores oportunidades, por ejemplo, a las editoriales como las nuestras, marginadas de facto de la Feria por el precio de los stands.
Por último, ¿qué es lo que más se reciente en la labor de editor (a)?
La precariedad, la falta de visión del Estado en materia cultural, la hegemonía de los intereses de las trasnacionales por sobre el fomento de la obra de autores nacionales de calidad y de una industria editorial nacional que perfectamente podría cumplir un rol central en la elaboración y ejecución de políticas culturales más inclusivas, democráticas y masivas.