Óscar Barrientos Bradasic y el país que nunca fue [por Cristián Vila Riquelme]

En esta novela imposible, de lenguaje impecable y enmarcado en una tradición barroca y omnipresente, los capitanes o los marinos o los poetas son seres dubitativos y alcohólicos en el buen sentido de la palabra, es decir, donde el alcohol es una especie de puerta (de puerto) por la cual podemos ingresar al otro mundo o al alter mundus mutantis, aquel que nos sueña y que soñamos sin saber si somos nosotros lo cierto o ellos quienes nos dicen qué de cierto hay de todo aquello en nosotros… para qué más.

Me imagino que el “crítico” Montañez (karma de nuestro escritor) tendrá mucho que decir de esta novela impensable y fuera de lugar, claro que sí, porque esta novela es algo absolutamente fuera de la tradición “novelística” chilena, aquella de Blest Gana, de Prado, de Nicomedes Guzmán, de José Donoso, incluso (aunque más cercanos en temática y apuesta), de Manuel Rojas y Francisco Coloane, y tantos otros gigantes que ya sabemos y reconocemos como tales. Primero que nada, no conduce a parte alguna (sí, claro, una borrosa meta, un supuesto tesoro o itinerario de un mítico libro o algo así), segundo, los personajes pasan sus días emborrachándose (a pesar de los días, igualmente borrachos de altamar), tercero, nada se sabe del fin que se perseguía, salvo que cuando el narrador despierta “a Gran Formentor [este] estaba abrazado al timón como aferrándose a una verdad precaria y nebulosa que parecía negarse a desaparecer”. Gran Formentor es el personaje que une todo el texto de esta novela, es esa especie de alter ego del autor, gran lector de Conrad, Salgari y Melville, como era de esperar, porque éste es el personaje mítico que aquí cumple las funciones de Moby Dick, del pirata de la Malasia y todo lo demás…

En todo caso ­—una constante en la narrativa de Oscar Barrientos Bradasic—, siempre se trata de una historia de perdedores, de buscadores de tesoros con el mapa inconcluso, de capitanes borrachos que sólo saben ejercitar su autoridad en bares de mala muerte, de enamorados tenaces de alguna ninfa que sólo es un recuerdo inútil, puertas (puertos) equivocad@s…

Esta novela de Barrientos tiene más de algo a su favor: entre otras cosas, esa especie de porfía en adentrarse en el lenguaje como quien busca un tesoro en una isla perdida… Seguramente, más de alguien dirá que no hay argumento, que los personajes son extravagantes, que sus páginas no llevan a ninguna parte. Tres razones para leerla, sin duda alguna, porque ni la primera ni la segunda ni la tercera de esas razones, muy respetables, claro está, me parecen argumento, siquiera, en este mundo paralelo y, oh cuánto más realista que nuestros políticos y que nuestros jueces, cuando se trata de establecer, por qué no, los contornos de un mundo que nunca hemos conocido.

Lanzamiento de Las Dunas del Deseo, de Thomas Harris, primer título de nuestra Colección de Poesía

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Ahora sí que sí. Una vez superadas nuestras diferencias con la realidad, los invitamos nuevamente, esta vez de manera definitiva, al lanzamiento de “Las Dunas del Deseo”, del poeta Thomas Harris, que es además la punta de lanza de nuestra Colección de Poesía, que queda inaugurada con esta publicación.

La convocatoria es el jueves 19 de noviembre, a partir de las 18:30 hrs. en la Sala Ercilla de la Biblioteca Nacional (2° piso, entrando por Alameda).

Presentarán el libro los poetas Gustavo Barrera y Damaris Calderón, y el director de Das Kapital Ediciones, Camilo Brodsky. Luego, Thomas realizará una lectura de algunos textos del nuevo libro para después compartir un vino de rigor y alguna coca-cola infiltrada.

Los esperamos entonces para dar por iniciada nuestra Colección de Poesía y dar un nuevo paso en nuestro proyecto editorial.

Travesía por las letras chilenas, por Daniel Estrada de la Cruz

Son innecesarias las palabras para explicar mi desazón después de trastabillar y casi perecer bajo la variada y voluminosa cantidad de libros en exposición. Tras el notorio accidente, la actual narrativa chilena se me presenta como un campo minado, francamente hostil para un lector lego como yo, varado en las aguas de las nuevas corrientes literarias. Sin embargo, la encargada de la librería es toda sonrisas y comprensión. Mientras juntos recogemos el amasijo de libros desperdigados, constato que la actual literatura nacional y extranjera descansa en base a voluminosas guías telefónicas de muy buena factura, en donde nombres reconocibles en los medios coronan estas verdaderas biblias de lectura fácil.

Al preguntarle las razones de tamaña hipertrofia textual, la mujer me revela el dato que la mayoría pueden leerse en un par de días sin apuro. Son novelas flash, que se consumen como esas películas en que las horas se pasan volando y que finalmente  se pierden en un indolente olvido… Sin embargo, otra especie convive tímidamente junto a los populares mamotretos de letra generosa; en el suelo se desperdigan novelas y poemarios de dimensiones panfletarias producidos por editoriales locales, cuyos títulos y autores me son un misterio.

“Cómo se puede dar cuenta”, le confieso “no he leído a nadie vivo en mucho tiempo”. La dueña me mira entre compasiva y perpleja. Después de una hora de vagar por una accidentada geografía de autores y títulos, una breve novela surge entre los escombros como si se tratase de una blanca revelación. Los brillantes ojos de la librera dan cuenta de esto, y tímidamente me asegura que es el título más reciente y promisorio que ha llegado, que es de un poeta y escritor sureño, “austral” remata; que escribe sobre el mar, a lo Coloane.

“O Conrad” respondo, intentando no mostrarme tan perdido. Todo en su voz indica que es su favorito. Una promesa encerrada en un libro sencillo. La sola idea es tentadora comparada con los ladrillos abúlicos que descansan a su lado.

Sin saber si es genuina mi inquietud por retornar al campo de las viejas lecturas con sabor a clásico, o es simplemente una mal llevada gratitud con la encargada (mal que mal, hemos desarmado la mitad de la librería), apuesto por la novela de Óscar Barrientos Bradasic, El viento es un país que se fue, sin sospechar que su contenido haría eco en mi trivial anécdota. Porque El viento… es una novela de búsquedas imposibles, de contrastes entre el placer de lo ideal y la desidia de lo banal; un homenaje al desarraigo.

Al recorrer los parajes de esta obra, somos paulatinamente invitados a descubrir en su realismo mágico crepuscular, todas las evocaciones que entraña el horizonte austral.

La historia inicia con la obsesión de Aníbal Saratoga (poeta maldito, entrampado en el ficticio Puerto Peregrino) por conocer los orígenes míticos del lugar en donde habita. Lo que lo hace recaer en la búsqueda de El Azimut, único libro que narra dicha gesta. Su búsqueda finaliza cuando el destino le hace conocer a su actual propietaria, una misteriosa bailarina exótica quién se vuelve su amante.

La historia se encauza con la aparición de figuras que permiten respirar un poco de la perspectiva de Saratoga, quien termina convertido en un  mero testigo del penoso viaje que emprende junto al viejo marino Gran Formentor, en búsqueda de una República ballenera perdida.

Frente al viejo ballenero de proporciones míticas, el poeta se da empellones entre el delirio de su capitán y su compartida esperanza de encontrar un idilio más allá del mundo explorado. Ambos comparten el deseo de poder comulgar con un otro lugar, representado tanto en el Azimut como en el puerto ballenero de Kerguellen. El viaje será el testimonio del fracaso de dicha empresa, entrampada en los molinos de la realidad. El viento es quien guía sus pasos, a la vez que borra su destino.

Tanto en su forma como en su contenido, esta novela es una sentida reflexión sobre aquellos huérfanos de la visión romántica, esos lectores de clásicos que apostaron por vivir en (y a través de) la literatura. Su intención, y quizá su única intención, es devolver el color a las marchitas paredes en donde moran y que, tal como Saratoga, van fundando sus propias narrativas, sus propios idilios, en la mesa de un bar o en el cuerpo de una mujer.

Tal como el AzimutEl viento… es una gesta tardía, que advierte del fin de las ilusiones en el mundo contemporáneo. Un testamento sobre la búsqueda eterna, esa que realizamos dentro de nuestras más entrañables lecturas, en librerías atestadas de pequeñas utopías, de pequeñas ciudades que habitamos y jamás encontramos.

 

fuente: http://revistahuacha.wordpress.com/2009/11/05/travesia-por-las-letras-chilenas/

La foto del día: Gonzalo León, Krugman y DK

Mientras León andaba cubriendo al charla de Paul Krugman, Premio Nobel de Economía, sacó del sombrero una de nuestros autoadhesivos mientras Álvaro Hoppe sacaba la foto. He aquí el resultado, que devela los insondables caminos que puede recorrer esta editorial.

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Para leer el artículo de Gonzalo sobre Krugman, es cosa de darse una vuelta por LND.

Que les aproveche.

Escribir desde la Patagonia [entrevista a Óscar Barrientos Bradasic, por Alejandro Lavquén]

imagen autor solapaNacido en Punta Arenas en 1974 y titulado como profesor de Pedagogía en Castellano en la Universidad Austral de Chile, donde además obtuvo un magíster en literatura para posteriormente cursar un doctorado en educación en la Universidad de Salamanca, Óscar Barrientos Bradasic es uno de los escritores magallánicos con mayor proyección nacional. Ha publicado los libros La ira y la abundancia (Mosquito Editores, 1998); el poemario Égloga de los cántaros sucios (El Kultrún, 2004). Editorial Cuarto Propio publicó su Trilogía de Puerto Peregrino -una ciudad mítica al sur del mundo-, que abarca los libros El diccionario de las veletas y otros relatos portuarios (2002); Cuentos para murciélagos tristes (2004) y Remoto navío con forma de ciudad (2007). Hoy nos presenta su primera novela El viento es un país que se fue (Das Kapital Ediciones, 2009). Próximamente la prestigiosa editorial venezolana El perro y la rana, publicará una antología de sus cuentos.

Se dice que escribir desde la Patagonia es como escribir desde fuera de Chile ¿Es cierto?

Hay algo de eso, pero yo no lo veo desde una mirada separatista, sino como una veta de aprovechamiento literario. La Patagonia es un viejo océano que desde siempre ha cautivado a navegantes, exploradores, bandidos y es un territorio profundamente fundacional donde conviven muchos elementos culturales, de orígenes muy diversos. En lo personal, no me gusta la Patagonia demasiado nostálgica, ya que tiende a cierto criollismo algo majadero, me interesa la Patagonia urbana.

Acaba de publicar su primera novela cuyo centro geográfico nuevamente es Puerto Peregrino ¿Cómo surge este lugar? ¿Qué representa?

Puerto Peregrino es una ciudad intertextual construida en función de la palabra, quizás apelando a la vieja e inútil tentativa de cambiar la realidad por la vía del lenguaje. Esta ciudad tiene elementos que se vinculan a la naturaleza catastrófica de la geografía austral y es habitada por seres tan derrotados como infrecuentes. Creo que Puerto Peregrino se va ensanchando en mi imaginación. Tiene un sentido muy portuario y melancólico, a la manera de las novelas de Salvador Reyes o Francisco Coloane, pero también aspectos que bien podrían denominarse posmodernos como un relato de Calvino o P.K.Dick. En alguna medida, Puerto Peregrino para mí integra tradiciones que en otros escenarios podrían ser antagónicas.

En cuanto al poeta Aníbal Saratoga, protagonista de sus narraciones y alter ego ¿Cómo lo definiría? ¿Cómo lo relaciona con Chile en un mundo imaginario?

El poeta Aníbal Saratoga lleva ya varios años acompañándome en mis navegaciones literarias y me he enterado que tiene pocos, pero muy fieles lectores. A veces parece ausente pero reaparece en los bares de costumbre, en ciertas plazas abandonadas, en añosas bibliotecas. Creo que Saratoga es –como señaló Germán Carrasco- una suerte de Corto Maltés a la inversa, un tipo que deja que la vida haga con él lo que mejor estime y que en su postura frente a la vida se trasunta el viejo problema de la intransitividad del lenguaje. Saratoga también anhela un país que se fue, que ya no existe. He llegado a creer que Chile ya no existe.

Los lectores suelen disfrutan de las ciudades o pueblos misteriosos, de mundos inalcanzables ¿Cree que se deba a cierta frustración con la realidad en que vivimos cotidianamente?

Es posible, que la gente se canse de tanta realidad como decía Juan Luis Martínez. El mercado tiene su propio coro de sirenas ensoñadoras.

En sus libros siempre está presente el factor social no como abstracción, sino como denuncia concreta ¿Se considera un escritor comprometido políticamente, o ideológicamente si se quiere?

A veces tiendo a percibir el realismo como la negación de la literatura y me parece más atrevido hablar de aspectos sociales o ideológicos desde la fantasía. Al fin y al cabo, las dictaduras que se han vivido en nuestros países han sido tan atroces que parecen irreales y desgraciadamente no lo son. Ahora no creo en la literatura como agente al servicio de ningún régimen, cosa que lleva al sectarismo y a cierta beatitud. Cada escritor define sus compromisos estéticos o ciudadanos como mejor lo estima. En lo personal me identifico con la izquierda y guardo un enorme respeto por Salvador Allende, un presidente genuinamente prometeico. No me gusta una sociedad donde la desigualdad es tan obscena como ocurre desafortunadamente en el Chile de hoy.

Durante años la literatura patagónica –y la historia en general- evitó el tema del exterminio de los pueblos selk’nam, kawésqar, yámanas, aónikenk y haush, pero su generación sí asume lo ocurrido y lo denuncia ¿Cómo desarrolla ese proceso?

Siempre es fuerte denunciar el exterminio de una cultura, de manera especial cuando lo perpetraron ciertos “prohombres” a quienes se les dedican calles y monumentos, legitimando con ello la pulcritud de sus crímenes. Me gusta que el tema se rescate y así lo explicita los trabajos de Pavel Oyarzún, Juan Pablo Riveros, Christian Formoso, entre otros. Hay también gente joven que está abordando el tema desde formatos muy novedosos como el espacio audiovisual o el cómic.

Chile se acerca al Bicentenario ¿Cómo visualiza la situación del país a doscientos años de su Independencia?

No creo que hayamos logrado la independencia económica. Aún tenemos una constitución heredada por la dictadura que siempre asoma sus fisuras como en el caso del sistema binominal. Los niveles de inequidad son francamente bochornosos, no veo un tratamiento adecuado a las etnias, a los sectores más excluidos socialmente. En Chile el Estado es una figura muy nebulosa. Espero que el Bicentenario se transforme en un espacio de reflexión y no en una productora de eventos.

Se anuncia la publicación de su Antología Naviera por el sello venezolano El perro y la rana ¿Cómo se da esta posibilidad? ¿Cuál es su relación con Venezuela?

El año 2007 fui invitado a la Feria Internacional del Libro de Caracas, justamente a una mesa de literatura fantástica con autores de muchos países latinoamericanos. Me asombró ver una feria tan amplia, centrada en la inclusión y en una mirada del libro como un bien cultural masivo. El entonces presidente del CENAL Ramón Medero dijo algo que me gustó mucho: “Queremos que el libro se transforme en parte de la canasta básica del venezolano”. Los libros se venden a precios ínfimos, desde clásicos hasta autores recientes, muy similar al proyecto de editorial Quimantú. La mirada de las editoriales venezolanas es muy pluralista. Tú sabes que en Chile el circuito editorial está en manos de trasnacionales y es muy excluyente, que es otra forma de censura. Surgió en Venezuela la feliz iniciativa de publicar una antología de los cuentos de Puerto Peregrino y a pesar de que aún no sale, ya está en el catálogo para próxima publicación. Estoy muy contento de que mis relatos lleguen a nuevos lectores y a un pueblo que aprecia la lectura como elemento liberador.

fuente: Punto Final Nº 697 (octubre 30, 2009)

Nuevos títulos de Das Kapital en la FILSA ‘09 y otras novedades

Razones para festejar tiene varias DK en este comienzo de fin de año. Junto con la reciente aparición de nuestros dos primeros títulos de la Colección de Poesía, y gracias a la cooperación con Catapulta Libros y La Calabaza del Diablo, este año nuestra editorial estará presente en la Feria Internacional del Libro de Santiago (FILSA). Además, ya comenzamos el trabajo de diseño y diagramación de Idioma del Mundo, de Pablo de Rokha, y preparamos para incios del 2010 un volúmen de cuentos de Juan Ignacio Colil. También esperamos, durante los próximos meses, poder dar a conocer los primeros títulos de la Colección Caja de Herramientas, entre los que se encuentran Diálogo entre un sacerdote y un moribundo, del Marqués de Sade, traducido por Braulio Arenas, y Metamorfosis, texto de Jacques Edwards, seudónimo con el que Joaquín Edwards Bello firmó esta “novela” dadaísta, que lo vincula directamente con la pandilla Dadá, incluyendo al bueno de Tristán Tzara.

Aprovechamos, además, para invitarlos, esta vez de manera definitiva, al lanzamiento de Las Dunas del Deseo, de Thomas Harris, el próximo jueves 19 de noviembre, a las 18:30 hrs. en la Sala Ercilla de la Biblioteca Nacional (Alameda 651, 2° piso).

Para los que quieran encontrarnos, nuestros libros estarán precisamente en el stand que tiene La Calabaza del Diablo, donde podrán adquirir nuestros títulos a un precio rebajado, respecto del que tendrán en librerías, durante lo que dure la FILSA ‘09:

Las Dunas del Deseo, de Thomas Harris.

300 pp. Colección de Poesía

$8.500.-

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Whitechapel, de Camilo Brodsky

100 pp. Colección de Poesía

$ 6.000.-

PORTADA WC

El viento es un país que se fue, de Óscar Barrientos

117 pp. Colección de Narrativas Contemporáneas

$5.000.-

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DIÁLOGO ENTRE UN SACERDOTE Y UN MORIBUNDO

Sobre Idioma del mundo, de Pablo de Rokha

Dentro de los próximos títulos a publicar por la editorial se encuentra Idioma del mundo, de Pablo de Rokha, cuya reedición, apoyada por el Fondo del Libro, está a cargo de Galo Ghigliotto, insigne miembro de DK. Para ir desde ya difundiendo lo que consideramos uno de los proyectos centrales de Das Kapital para 2009, así como la siempre necesaria reivindicación del rol que Pablo de Rokha cumple aún hoy en nuestra poesía, les ofrecemos este pequeño texto preparado por Galo sobre el libro.

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Reedición de Idioma del Mundo, de Pablo de Rokha

Aunque Pablo de Rokha es considerado uno de los cuatro grandes de la poesía chilena (junto a Neruda, Huidobro y Mistral), su obra es casi completamente desconocida fuera de nuestras fronteras, y peor aún, está absolutamente subvalorada en Chile. Sin necesidad de entrar al tema de la falta de paridad en la difusión de estos “cuatro grandes”, podemos decir que la obra de Pablo de Rokha es una de las más auténticas, sobre todo si se reconoce en él al visionario, al escritor preclaro durante toda su vida activa, y se toma en cuenta que no hizo utilización de nada parecido a la performance ni el marketing para dar a conocer su obra, como sí lo hizo Neruda, y en parte también Huidobro.

Este año comenzaremos a reparar parte de la injusticia cometida contra de Rokha, reeditando Idioma del Mundo, título que permite conocer a su autor con gran definición, porque presenta al poeta ya maduro, capaz de pasearse por temas de dialéctica profunda y otros emocionalmente intensos con igual desgarradura, contándose entre ellos poemas escritos durante los ocho años posteriores a la muerte de su esposa y compañera, Winétt.

El libro contiene la visión premonitoria del poeta que comprendió el funcionamiento del mundo y reconoce así los sucesos antes que ocurran. En el poema “La República Asesinada” podemos encontrar reminiscencias de los hechos que sucedieron en Chile desde 1973. Más adelante aparecen los” Prólogos Premonitorios a la Caída del Imperialismo”, y hoy en día presenciamos cómo la gran potencia yanqui pierde su poder desperdigándolo en guerras inútiles alrededor del mundo, mientras otras potencias emergen y amenazan con equilibrar la repartición del poder mundial. De Rokha demuestra haber tenido la capacidad de encontrar el hilo conductor de la historia humana, reconociendo claramente los actos que caracterizan a los hombres en condición de gestores de realidad, y teniendo el suficiente coraje de acusar los hechos que los evidencian como los responsables de la insatisfacción de una gran parte de la población del mundo.

Si bien el libro completo está dedicado a su esposa:

Nuestros dos anillos matrimoniales unidos me rodean y me circundan, anunciándome con su gran trompeta secular, desde el meñique al corazón, todas las cosas fundamentales de la existencia, e Idioma del Mundo es tu almohada (pág. 86)

es “Winettgonía”, el poema que se titula con esa mezcla de bautizo y unción (de Winétt, el nombre de la amada y la agonía que su ausencia provoca), a través del cual podemos conocer la acerba cavidad interior del poeta ya carcomido por el tiempo, la soledad y la angustia: el espacio de su interioridad, ya despojado de todo posible decorado, se convierte en un barco del cual sólo quedan los más cansados marinos, entregados a la confesión más honesta de sus estremecimientos.

[…] ahora, la inmensa capital metropolitana del Gran Santiago, me parece un mar sin navíos, sin pájaros, sin viajeros, un mar sin mar, oscuro y desesperado, en el cual la miseria relampaguea en la oquedad, a la manera de las astillas de los barcos, lanzados contra los acantilados de las playas remotas del mundo; un aroma a bodega de hacienda de viuda, lejana, abandonada entre tinajas de antaño, asciende del país silvestre; y cuando yo ando, estoy seguro de despertar con las pisadas, las antiguas edades y los sepulcros viejos del pueblo, que no comió y murió luchando por la felicidad ajena. (Pág. 64)

Idioma del Mundo es inclasificable, en la medida que su contenido abarca un lenguaje universal que toca todos los temas fundamentales de la vida humana. Por momentos parece un ensayo poético, en otros un gran archivero de discursos, más tarde un libro de historia escrito estilísticamente. Pero nunca deja de ser una luminaria, una ruta que recorre un ideario completo y logra impregnar del carácter de su autor. Para Pablo de Rokha el carácter es destino, y en Idioma del Mundo el destino de todos los hombres está tejido a partir de un solo hilo que es el rastro de la pluma entintada de su autor.

Camilo Brodsky lee Whitechapel, de próxima aparición en Das Kapital Ediciones

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Camilo Brodsky en el ciclo “Antología en Movimiento“, donde leyó algunos de los textos de Whitechapel, editado próximamente por Das Kapital. Como todavía no desentrañamos el oscuro mecanismo que permite subir acá los videos de Vimeo, les dejamos el link para que vean/escuchen la lectura de Brodsky.

Qué les aproveche.

Artículo en La Nación Domingo y cuestionario a Brodsky in extenso

isotipo_DKjnegroEste domingo apareció en La Nación Domingo un reportaje de Fernando Cea sobre algunas editoriales “independientes”, o microeditoriales, entre las cuales aparece mencionada Das Kapital y citado nuestro director, herr Brodsky. Como aparece más bien tangencialmente el asunto de nuestra posición como editorial frente a distintos temas en el artículo en cuestión, y como una forma de aprovechar el envión para compartir algunas de nuestras ideas sobre la labor editorial, les dejamos acá el cuestionario in extenso que respondió Brodsky para la realización del reportaje, y que por razones obvias de economía mediática se redujo a un par de líneas. El reportaje publicado por LND lo pueden leer siguiendo este link.

Ojalá y les aproveche.

Cuestionario enviado por Fernando Cea a DK y respondido por Camilo Brodsky, director de la editorial.

¿Cómo nace Das Kapital ediciones y a qué problemas se enfrentó en un comienzo?
Varios de nosotros veníamos hace rato trabajando en el tema editorial, por distintos lados. Tania Encina y yo estuvimos vinculados durante años a Cuarto Propio, Galo Ghigliotto venía de Mantra, y Varinia Brodsky trabajó el tema producción editorial en el MAC. Además, al menos tres de los socios llevábamos un tiempo metidos en la cosa literaria (Guillermo Valenzuela, Galo y yo), por lo que había también una red de contactos que nos parecía podía ser, como ha sido, nuestro principal capital a la hora de pararnos con un  proyecto editorial que tenía como uno de sus ejes el desarrollar una relación estrecha con sus autores, en términos de edición, seguimiento, difusión, etc. Respecto de las dificultades, yo creo que lo central es la precariedad con que se empieza en esta pega, y que tiene que ver con la ausencia casi absoluta de una legislación y de herramientas estructurales (legales, tributarias) que sirvan de apoyo para la indsutria editorial nacional. Y aquí no me refiero sólo a las editoras chicas como la nuestra, sino a todas las que deben vivir la indolencia e incluso la prepotencia de las trasnacionales agrupadas en la Cámara Chilena. Ahora, este tema tiene que ver también con que desde el Ejecutivo no existe una política cultural, no ha existido la voluntad de proyectar una política cultural, sino que más bien se traspola la lógica licitadora del laguismo y se entrega a privados, fondos concursables mediante, la ejecución del proyecto cultural.  Eso es no hacerse cargo de los requerimientos de una política cultural. No se puede pretender que los centros culturales, las bibliotecas comunitarias y otras iniciativas de las cuales el Estado debiera hacerse cargo de manera más directa, deban competir por recursos con los autores, las editoriales o las universidades; no es coherente que la mayoría de las editoriales nacionales, acorraladas por las transnacionales y el IVA, tengan que depender de las licitaciones del Mineduc y otros fondos para financiar sus líneas de edición poco rentables, como la poesía y el ensayo, principalmente de autores nacionales. Acá lo que corre es la ley del mercado pura y dura, sin muchos matices, y eso en ninguna parte puede ser considerado una política pública, menos aún en el ámbito cultural.

¿Cuáles son las colecciones de su catálogo, dónde está puesto el énfasis?
No es nuestra intención restrinjirnos en este tema. Si bien lo más probable es que en un principio el énfasis lo pongamos en obras de autores nacionales, principalmente narrativa y poesía, no desechamos para nada el abrirnos a otras áreas, como lo demuestra nuestra voluntad, al menos, de levantar una colección infantil y juvenil, así como una línea de cómic y pronto, ojalá, una de pensamiento social, por ejemplo. Otro tema que nos llama fuertemente la atención es multiplicar las traducciones propias, tanto de clásicos como de autores contemporáneos, pues nos parece central “abrir cancha” en ese sentido, permitiendo de paso que los propios autores nacionales tengan un mayor acceso a obras escasas en el mercado chileno, o directamente prohibitivas por sus precios, fijados desde las trasnacionales y castigados por el IVA y los impuestos de internación.

¿Cuál sería la identidad (o los puntos fuertes) de Das Kapital como editorial independiente, y en el fondo qué es ser independiente en Chile a tu juicio?

A mi eso de ser o no independientes me parece más un eufemismo que otra cosa. O sea, ¿independiente de qué? Se quiera o no, para sostener un esfuerzo editorial no subsidiado, es necesario operar con criterios comerciales, al menos en parte. El que diga otra cosa, se está engrupiendo solo. Y el problema de eso es que, al trabajar la mayoría de las microeditoriales con autores nacionales y en líneas de bajo impacto comercial, como la poesía, los costos muchas veces se traspasan a los autores, que terminan pagando por sus libros. Esto, lamentablemente, es muy difícil de revertir en el cuadro actual. Sin embargo, hay que buscar los mecanismos para lograr la única independencia real que se puede alcanzar en el rubro, que es la económica. Otra cosa es que la mayoría de nosotros tendemos a identificarnos con un concepto más bien vinculado a la autogestión y la independencia política e ideológica respecto del monopolio neoliberal que tiende a regir la cultura y el país, por ejemplo a nivel de medios, y en ese punto hay distintas apuestas. Para nosotros, en ese plano, aparte de ser  central el trabajo con los autores, es imprescindible tratar de posicionar una práctica editorial y cultural liberadora, democratizadora, y ahí no hablamos solo de los títulos a publicar, sino de iniciativas concretas. En nuestro caso, por ejemplo, y siempre que haya acuerdo con el autor al respecto, impulsamos el uso del copyleft, por sobre el copyright, lo que implica que la mayoría de nuestros libros incluyen una nota en que se explicita que su reproducción y difusión, citando la fuente, el autor y la editorial, es de libre uso, siempre que no sea para usos comerciales. Y también buscaremos los mecanismos que nos permitan, a través de nuestras colecciones o de parte de ellas, que nuestras publicaciones puedan ser adquiridas a precios  menos prohibitivos que los que el mercado te impone para la mayoría de los títulos, cosa que también hace la mayoría de las editoriales con las que tenemos relaciones de amistad, como Ripio Editores, Editorial Fuga, La Calabaza del Diablo, etc.

¿Son las editoriales independientes un gremio cohesionado, hay espacio para ellas (me refiero a público)?

No sé si aún dé para hablar de “gremio”. Una cosa son los colegas de Editores de Chile, que están en un plano digamos “superior”, principalmente en términos de instalación, distribución, y que por lo mismo han construido una relación con la institucionalidad por decir lo menos ambigüa, principalmente porque algunas de esas editoriales dependen de los recursos del Estado para mantenerse a flote. Por otra parte, y respecto del tema del público de nuestras editoriales, lamentablemente la ausencia de políticas efectivas de fomento de la lectura hacen que, generalmente, estemos relegados a compartir un micromercado, constituido principalmente por la gente vinculada al tema literario de manera directa, como autores, críticos, académicos, etc., lo que obviamente restringe el impacto cuantitativo de nuestro trabajo, pese a que, desde el punto de vista cualitativo, es desde las editoras nacionales que han venido surgiendo los autores y las obras que hoy constituyen la parte más importante y relevante del mapa literario.

¿Cómo proyectan el trabajo a corto y largo plazo, qué falta consolidar?

El tema de las proyecciones, en buena medida, está muy tensionado por la precariedad económica, que es el primer escollo que encuentras. Por esto, acá más que de proyecciones, en tanto planes de trabajo a firme, lo que está puesto en juego es la voluntad de mantener una producción editorial lo más constante posible y con estándarse de calidad, en contenido y forma, lo más profesionales que sea posible, que es nuestro principal objetivo en términos concretos hoy.

Publicaciones que realizarán de aquí a fin de año.
Son varios los proyectos que tenemos en carpeta, y en distintas áreas. De momento, el énfasis de aquí a fin de año va a estar fundamentalmente en poesía, donde vienen al menos tres libros, entre ellos uno de Tomás Harris y la reedición de Idioma del Mundo, de Pablo de Rokha, proyecto con el que Galo ganó un fondo concursable del Consejo del Libro.  Esperamos además poder reeditar este año La estrella negra, de Gonzalo Muñoz, un libro que nos parece clave en la poesía de los años ’80 y que ya tenemos conversado con Gonzalo, y comenzar con nuestra colección infantil, en la que está trabajando Tania. También vamos a comenzar una serie de plaquettes, por llamarlas de algún modo, que nos debieran permitir generar ediciones de bajo costo, con títulos de calidad y a un precio lo más asequible posible, de manera de asegurar uno de los puntos centrales de nuestra concepción de la labor editorial, que es aportar a la democratización de la cultura a pesar de las trabas presupuestarias, políticas y burocráticas que encuentra este tema.

Y ya para 2010, estaríamos publicando, para empezar, la segunda novela de Guillermo Valenzuela y un libro de cómic, de Claudio Álvarez .

Sobre el conflicto entre la Cámara y los editores independientes con respecto a la próxima Feria del Libro, ¿qué postura tienen?

Como te decía antes, el conflicto terminó teniendo una salida precisamente por el expediente de que la mayoría de las editoriales en conflicto terminaron “agachando el moño” a pedido del Gobierno, que a través de la ministra Urrutia presionó para no “aguar” la Feria, para evitar el riesgo de terminar con un conflicto en Cultura a un mes de las elecciones. En ese sentido, no me toca a mí tomar partido, menos aún cuando los propios involucrados bajaron sus banderas. Ahora, en términos más generales, me parece lamentable que desde el estado se financie en buena medida una iniciativa que, en defintiva, es un negocio de privados, en este caso de los asociados a la Cámara Chilena, que disfraza bajo rótulo de “fiesta de la lectura” un lucrativo monito económico, donde se cobra entrada, se venden auspicios y se pone en funcionamiento toda una máquina de hacer plata que finalmente no ofrece mayores oportunidades, por ejemplo, a las editoriales como las nuestras, marginadas de facto de la Feria por el precio de los stands.
Por último, ¿qué es lo que más se reciente en la labor de editor (a)?

La precariedad, la falta de visión del Estado en materia cultural, la hegemonía de los intereses de las trasnacionales por sobre el fomento de la obra de autores nacionales de calidad y de una industria editorial nacional que perfectamente podría cumplir un rol central en la elaboración y ejecución de políticas culturales más inclusivas, democráticas y masivas.

La batalla de las sirenas tristes [presentación de Germán Carrasco en el lanzamiento de El viento es un país que se fue]

Voy a decir unas palabras sobre esta novela de aventuras y cortomaltecías. Aunque hay que decirlo, Saratoga es más charlatán, más fascinado con el mundo y menos canchero que Maltés. Se agradece esa timidez ante tanto barítono, ante tanta seguridad en sí mismo basada en anda a saber qué cosa, ante tanto viejo chico.

Lo imagino de esta manera a Aníbal Saratoga: dicta por ejemplo un curso sobre Moby Dick pero exige que el curso tenga lugar  entre témpanos del Cabo de Hornos. Pide –por ejemplo, invento- que asista el Cisarro, porque quizás la naturaleza más majestuosa actúe como sanación en esos casos. ¿El mar, el sur, la nieve? Tendríamos que filmarle las pupilas al niño eso sí. Y lo digo porque esta novela tiene algo infantil. Pide ese lugar para  su curso sobre Melville, pero también pide  témpanos de hielo dentro de los vasos de whisky, a la usanza puntarenense. Y como condición extra, que el curso sea impartido en un barco zarandeado por el viento, por esos vientos que tienen nombre propio, como el Sirocco o el Puelche.  Nuestro héroe o antihéroe se pasea por estos barcos y bares en estas lejanías del mundo, recibe los embates de la realidad como ese barco los embates del viento. Sus conocimientos de náutica, de ciencia, de adivinación harían de él, como de cualquiera de nosotros, un ser trágico y taciturno. Pero no es así: Saratoga es pintoresco y ridículo, el personaje del que se enamoran las mujeres en algunas películas. Posee conocimientos reales, pero tiene algo de Cantinflas, de Woody Allen, de Carlos Henrickson, un poco de todos nosotros cuando no nos tomamos en serio. Eso, reírse un poco de sí mismo luego del reviente, con cierta timidez tristona, como buen noventero (había otra versión de los noventas, la mala: católicos abeceuno de chalitas marrón franciscanas mostrando los deditos, y barbitas y cuecas y poesía con métrica, formalistas malentendidos y medio fachos, y lo más terrible de todo: bastante agüeonaos,  contra esta  última parte de los gloriosos aunque sufridos noventa, reaccionó –con justa razón- la pendejada que vino después, de los cuales la mayoría no sabe ni orinar derecho y hablan de “mi obra” y se ponen biografías de una o dos páginas en los libros que publican con su propio dinero, o cosas por el estilo. Ojo que hay excepciones).

Veo un rostro de marinero que al nacer o al ser bautizado no por otra cosa que el viento salobre, o que vi antes en un puerto que transmigra en una caja azul de cigarrillos.

Hay ciudades que no vemos.

Dentro de Santiago hay ciudades que alguna gente no conoce, imágenes que le pasan desapercibidas a los que, al verse con una cámara en la mano y sin hacer qué hacer, la vuelven hacia sí mismos. Triste.

Y están los que hablan de la ciudad sin conocerla, sin conocer su sordidez pero sobretodo sin conocer su magia, sus recovecos, la averiada y sensual gestualidad de su gente. Y también su magia, como en esta novela. Porque a veces no vemos las muertes y maravillas en el arte de la extrema pobreza al que nos condena cierto aburrido realismo. Si ese realismo o naturalismo fueran planteados en la novela chilena desde todas las latitudes sociales, vaya y pase.  Pero lamentablemente muchas veces hemos estado condenados al estilo de vida de los ricos y famosos, como por ejemplo ciertos hijos de  retornados cada uno con diez sueldos por cabeza que expurgan en sus páginas la culpa cristianoide del winner inserto en todos los recovecos del poder, o a los niños provincianos fascinados con la cultura pop y el peor cine siempre que esté recién estrenado o casi sin estrenar. Yo creo que estos últimos chicos eran los que se quedaban jugando Nintendo en esos tiempos mientras uno estaba en la plaza o tomando las primeras cervezas escuchando música de verdad,  saliendo con chicas, o agarrándose a palos con los pacos –mientras otros comían caviar Beluga en Europa y se preparaban para a la vuelta jugar con el país a la pelota- , razón por la cual no hay otra palabra para la mayoría de los que escriben sci fi: agüeonaos. Giles. Gente con asco a sí misma y a este mundo, razón por la cual añoran otros mundos sin mácula, de ahí su pololeo con el nacional socialismo esotérico o cualquiera de esas mamadas. No es ese el caso de esta novela. Esto no, esto es ficción alucinada, la manera como se deben ver las cosas: amplificadas por la magia y con el viento fresco moviéndonos las canas. Porque existe una patria ideal y salada. Existe realmente, con su Coleridge y la rima del viejo marino, con su Melville y su Moby Dick, con la pornográfica Calipso empelotita. En esas perdidas playas y cordileras de Chile como dice cierta persona. En esos bares leemos y escribimos sin prisa, porque hay momentos en que todo es filmable (en-este-mundo), lo sentimos a veces en el metro mirando cada rostro, cada prenda, cada biografía que asoma su gesto, cada sonrisa de garzón o mirada de secre. Por eso hablamos despacito y entrecortado, para no romper nada, para ver lo que la una prosa o poesía a matacaballos simplemente no advierte.

Entonces, poética: “todo es filmable”. Entonces, consejito: “escribir sólo cuando se siente que todo es filmable” (no a matacaballos, no como fábrica de chorizos, no por usura ni para la moledora de carne de la publicidad o la tele, se entiende). Creo que estas historias  tienen ese dejo a todo lo perdido que nutre los lindes de la poesía, a esa palabra que se resiste a la erosión de la vida y evoca tristes mares de otro tiempo. Esas certezas son las únicas que evoca la poesía. Y Saratoga es un poeta.

Quizás todo lugar se merece su épica. O la mentira piadosa de una épica soñada que cuenta, en este caso, el mejor charlatán de la taberna. En la batalla de las sirenas tristes luchan a muerte dos bandos, los agelastas o soldados trágicos, y los infinautas, liderados por el León de Abril.  Los borrachos en la taberna escuchan con los ojos abiertos que casi se es salen. Escuchan esa épica, en este caso, la historia del puerto está escrita en el Azimut, un libro en cuya búsqueda Saratoga, nuestro héroe, se enfrasca como detective salvaje, el Azimut, que no resulta ser otra cosa que una mina, una mujer. El libro se quedó en una mujer, ahí habita. El libro es una mujer. El juego era borgiano.

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